EL PERIODO ARCAICO

Es el periodo en que el hombre andino empezó a abandonar progresivamente su economía depredadora para reemplazarla por una economía de producción de cultígenos y de pastoreo de camélidos. Estos avances permitieron el crecimiento demográfico, la sedentarización, la especialización artesanal y las primeras formas de estratificación social que caracterizaron la Revolución Agropecuaria en los Andes Centrales.
Diversos grupos humanos, desde el séptimo milenio antes de nuestra era, experimentaron el tránsito de la vida cazadora y recolectora predominantemente nómade hacia una economía de producción agrícola y pastoril. El transito de viejas formas económicas hacia una nueva, impulsó la creación de instrumentos y técnicas que ampliaron las fuerzas productivas y aceleraron la sedentarización. Se produjo un gran crecimiento demográfico, lo que agudizó la crisis en las relaciones sociales y el desarrollo de complejas formas de control, aprovechamiento y especialización de la fuerza de trabajo, todo esto característico de la llamada Revolución Agropecuaria, que en los Andes Centrales, corresponde al Periodo Arcaico Tardío.

Los arqueólogos Ramiro Matos y Róger Ravines sostienen que en este proceso “las nuevas formas de producción exigen necesariamente un cambio en el manejo económico. La población aumenta y las necesidades igualmente. La economía de caza y recolecta era ya insuficiente para satisfacer la demanda, fue entonces conveniente asumir nuevas formas económico-sociales. Esta transición de una economía extractiva, muchas veces depredadora, de caza y recolecta, hacia una productiva, de subsistencia, racional y controlada, es lo que caracteriza al periodo Arcaico".

A nivel social el Periodo Arcaico se caracteriza por el surgimiento de las primeras tribus. Algunos grupos humanos que se fueron especializando (pastores, horticultores, pescadores) y que incrementaron fuertemente su población debieron complementar sus recursos a través del intercambio y protegerlos mediante alianzas. Las antiguas bandas cedieron lugar al surgimiento de las tribus. Fue la necesidad de formar una comunidad grande y fuerte. Esto aseguraba protección y bienestar; además una gran ventaja sobre las pequeñas bandas nómades que competían por los recursos.

Las tribus son grupos relativamente amplios de gente ligada por vínculos de parentesco y congregadas en un mismo territorio. La necesidad de producir los alimentos agropecuarios y defender sus excedentes, condicionó el forjamiento de grupos humanos cada vez más amplios y estables. La vida en las aldeas agrícolas y pastoriles se fue organizando en torno a lazos de consaguinidad y de territorialidad, vínculos básicos que aseguraban la cohesión, defensa y bienestar del grupo.

En las nuevas condiciones de convivencia los miembros que poseían más conocimientos agrícolas y ganaderos fueron reconocidos como jefes o patriarcas, con experiencia y sabiduría para dirigir, normar y arbitrar en la vida económica y social de la aldea. El surgimiento de las tribus debió ser paralelo al surgimiento de las familias nucleares, donde un aldeano es responsable de su mujer e hijos. El jefe y la comunidad le asignan una parcela de suelo cultivable y se van estableciendo relaciones de reciprocidad y redistribución cada vez más complejas. Esto debió cumplirse en las comunidades que alcanzaron mayor desarrollo agropecuario y excedentes productivos.

Aunque es difícil determinar la evolución social de los primeros aldeanos, se puede especular en base a los estudios antropológicos. Muchas tribus comenzaron a competir por los pastos y los escasos suelos fértiles. Algunas de ellas en lugar de luchar se debieron unir y fundirse para formar los primeros clanes, que en el Perú llamamos ayllus.

Para el antropólogo Fernando Silva Santisteban el clan es un grupo de personas asociadas que viven en comunidad y que se consideran parientes, pues descienden de una pareja sagrada; sin embargo, no pueden reconstruir con precisión esa genealogía. Es ahí que entre las creencias de sus miembros se incluye uno o más relatos míticos que explican simbólicamente el origen del clan. Los mitos dieron cohesión al clan o ayllu, hicieron más llevadera la vida en comunidad al justificar los mecanismos de reciprocidad y redistribución con supuestos mandatos divinos.

Siguiendo al arqueólogo Luis G. Lumbreras, el Arcaico es dividido en dos etapas: Arcaico Inferior (o Temprano), de los agricultores incipientes, y el Arcaico Superior (o Tardío), de los agricultores sedentarios con algodón. Cada periodo tiene sus propias características y logros alcanzados por nuestros antepasados, los mismos que pasamos a estudiar inmediatamente.